¡Filosofía! Aquel ramo que tanto nos hace pensar, me hizo caer en cuenta que como todos los filósofos, yo también tengo un arjé, o principio de todas las cosas en el cual sustento mi vida. Reflexiones continuas y llego a la conclusión de que tengo una peculiar obsesión por aprender, pasar mis horas en constante conocimiento. Como hambre de saber, no me gusta que se me quede nada fuera, me siento poco cuando otro sabe más, pero a la vez me emociona saber que queda tanto por saber (Sí, valga la redundancia)
Seré más ambiciosa aún con lo que digo, en el siguiente texto me remitiré a explicar, porqué el aprender, es el sentido de vida del hombre contemporáneo:
Desde los tiempos en que una primitiva forma de vida aún no pensaba en ser hombre, hasta llegar al hombre contemporáneo; el cual vive inserto en un medio competitivo, comercial y cada vez más materializado. Se puede obtener un único concepto que no puede ni podrá ser arrollado por ningún sistema político, social, ideológico o de cualquier índole. Un concepto de vigencia infinita ya que nace desde lo mas recóndito del ser, desde lo que lo transforma en algo vivo. Me refiero a aquella palabra que se encarga de recordar, que aunque el mundo nos bombardee de información desde nuestro nacimiento hasta la muerte, siempre quedará algo afuera. A este concepto se le denomina aprendizaje y es un concepto que la da dinamismo al mundo, pues su eterno cambio genera eternas invenciones de mano del hombre que afectan al mundo. Posee tanto valor que define el sentido de vida de las personas.
Si trasladamos este razonamiento a los filósofos presocráticos lo veremos respaldado por algunos de ellos; si bien se aleja de los arjés que formularon, los cuales explicaban la generación del universo más que el sentido de vida del hombre, el concepto de aprendizaje si estaba presente.
Tales de Mileto afirmó que lo más complejo es conocerse a sí mismo. Anaximandro, Heráclito y Parménides hablan sobre un universo infinito en constante cambio, afirmación cierta dado que el hombre y la naturaleza crean, aunque claro está la naturaleza crea en sí misma y posee la sabiduría. El hombre aprende para utilizar la naturaleza. Por tanto dichas creaciones van cambiando el mundo.
La vida como acertijo repleto de elementos que se deben observar, palpar y sobrellevar para seguir en carrera, ha hecho a los seres evolucionar. Así como funciona la evolución propuesta por Darwin, el individuo se va adaptando al ambiente, por tanto, aquel que no lo logra, perece. Aquellos que han buscado técnicas para sortear las dificultades propias del ambiente, son los que han alcanzado un mayor desarrollo cultural.
La cultura por su parte, se compone de toda la información y habilidad manejada por el hombre para realizar labores útiles a su vida cotidiana. Es decir, los grupos de humanos que consiguen un mejor aprendizaje, son capaces de superar con mayor facilidad las inclemencias naturales con lo cual se concluye que tienen una cultura más avanzada.
Una cultura avanzada se refleja en una organización política, social, económica y religiosa que decanta tarde o temprano en la cración de ciudades y grandes civilizaciones. Estas civilizaciones tendrán un conjunto común de códigos, normas, expresiones, dogmas, etc. Con el paso de los años y como ha quedado plasmado en la historia universal, es este progreso en el aprendizaje humano el que consigue formar un mundo como el que se posee hoy en día. Así como nacieron nuestras culturas madres, quienes nos heredaron todo el conocimiento a través de los siglos, nada de esto hubiese sido posible sin el interés del hombre en aprender.
Es en este comportamiento es que se da a entender que el aprendizaje es necesidad biológica(porque si el individuo no aprende no se adapta, y si no se adapta, es arrollado por quienes si lo hacen) y necesidad espiritual. Y dicha necesidad de aprender está presente en todas las etapas de la vida.
Los niños deben reconocer estímulos, luego los roles de los que los rodean, para más tarde rodearlos de preguntas acerca del mundo. Así, a medida que transcurren los años, pasan a ser estudiantes. Los padres los motivan reiterando, que la educación es la herramienta para "ser alguien en la vida". Pero este concepto de "ser alguien" va mucho más allá que la obtención de una profesión para pasar a integrar el sistema laboral y adquirir un sustento económico que salde necesidades básicas. Eso sería una definición coartada por el uso que se le da al aprendizaje en nuestro sistema social. Alejando las subjetividades de nuestra cultura; la educación se entrega para que la persona pueda comprender al universo en el que está inserto, para encontrar sus motivaciones personales y para poder relacionarse cada vez mejor con su entorno.
Dichas afirmaciones, no podrían estar mejor sintetizadas en el siguiente párrafo establecido por la UNESCO en 1982:
"...que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden"
O en un fragmento de "East Croker" de T.S. Eliot en Poesías Reunidas. que menciona:
"...para llegar a lo que no sabes tienes que ir por un camino que es el camino de la ignorancia...", "...Y lo que no sabes es lo único que sabes y lo que posees es lo que no posees y donde estás no estás..."
Si la naturaleza es sabia y está sujeta a su amplio conocimiento para que todo el mundo funcione, el hombre es libre en su ignorancia de aprender. Y dentro de este mismo planteamiento, se rescata el fundamento para filosofar: la constatación de la ignorancia. Pero si a esto no se le suma el querer saber, entonces no hay amor a la sabiduría y por tanto tampoco hay un fin de trasendencia en la persona, puesto que vive con aquello que le han entregado otros y no de lo que él puede construir para sí. Quien no filosofa ha perdido el sentido de su vida, porque no aprende, no crece, se queda estancado en las murallas de lo desconocido.