8/05/2007

A la mujer indígena, a mi madre de hace siglos enterrada.

El ritmo se lleva en la sangre
desde el primer latido del corazon
hasta el ultimo latido de nuestros párpados acaramelados.

Estas son las venas que funden nuestra idiosincracia americana,
no me importa si es particular o desde afuera profanada;
somos lo que somos,
los decendientes de un olvidado,
los decendientes del sacrificio.

Aquí viven los primogenitos de una historia de lágrimas con melodias decoradas:
la madre toda, el regazo del futuro, la que cargó con su infortunio,
solo porque estemos acá.

En tus pupilas,
en las de todos.
Se mezcla la risa de la mujer abnegada,
que nos vio trotar por la tierra
con nuestro potito embarrado.

A ese corazon de hierro iluminado:
tirana de nuestros caprichos, soldada vigilante de las pesadillas circundantes.

De no ser por esa mami sorda pero no ciega,
nuestra raza no cabalgaría por estas calles electrificadas.