Fue necesario
el más quemante sol y las cigarras
para que antes el vino fuera vino
racimo rojo, pámpano dorado,
y más, antes aún,
fue necesario
que nueve lunas sobre los sarmientos,
que lloraran las parras,
que la lluvia golpeara
y las raíces
bebieran largamente savia.
Fue preciso
que el zorzal diera fe de la dulzura,
que fuera el mes de marzo,
abril o mayo,
que los tordos oscuros
y los hombres
por codiciar los frutos
invadieran la viña en la vendimia,
y todavía más:
que en mitad de la fiesta
bailaran las guitarras.
Fue preciso
el desvelo del hombre y la esperanza,
zarcillos anudados a las parras.
En el secreto
de la envina y el roble
de los anchos lagares, encontes
el antiguo repetido rito
el más quemante sol y las cigarras
para que antes el vino fuera vino
racimo rojo, pámpano dorado,
y más, antes aún,
fue necesario
que nueve lunas sobre los sarmientos,
que lloraran las parras,
que la lluvia golpeara
y las raíces
bebieran largamente savia.
Fue preciso
que el zorzal diera fe de la dulzura,
que fuera el mes de marzo,
abril o mayo,
que los tordos oscuros
y los hombres
por codiciar los frutos
invadieran la viña en la vendimia,
y todavía más:
que en mitad de la fiesta
bailaran las guitarras.
Fue preciso
el desvelo del hombre y la esperanza,
zarcillos anudados a las parras.
En el secreto
de la envina y el roble
de los anchos lagares, encontes
el antiguo repetido rito
Emma Jauch, chilena.



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