Navegando por la página web de la Fundación Domingo Matte Mesías (en la cual yo estudio...y bueno, también "emigro" este año), hayé un texto hermoso que me gustaría compartir con ustedes, dado que no todos los días se encuentra algo que de verdad te "toque". Creo que a todos les ha pasado una o más veces en momentos determinantes de su existir. Este es para mí uno de ellos. No quisiera olvidar lo que sentí al leerlo, por lo que me remití a postearlo íntegramente. Las reflexiones del caso, más adelante, en una nueva entrada. Ya era hora de tenerme un poco de cariño, esconder por la noche mis tormento(no permitir que se arrimen a la cama) y entregarme al sueño bajo la luz de luna y la tibiesa de la almohada )que está cesante de sus funciones hace ya varias noches de insomnio).
Esta noche dejo mis miedos y mis pensamientos deprimentes en las pantuflas
"...Duérmete mi amor, sueña con mi voz..."
¡Duele tanto el querer en la cobarde inercia de demostrar indiferencia, cuando lo único que se desea es desbloquear lo que se quiere dar! (para tí, mi eterno sueño de cristal, eso que no puedo tocar, porque es tan intangible que se rompe. Definitivamente las cosas podrían ser distintas si contara con el valor, que tantas fallidas veces intenté adquirir, el costo del miedo es vivir en un ríncón con los ecos de los ojos que alguna vez pude ver de cerca y ahora prefiero no contemplar siquiera)
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Deja un minuto para tí, te invito a pensar sobre...La reflexión viene al descubrir lo que dice Marcos en su evangelio:En aquel tiempo mandaron a Jesús unos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar? Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea. Se lo trajeron y les dice: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: Del César. Jesús les dijo: Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios. Y se maravillaban de Él.Reflexión¿Qué es lo que está permitido hacer al hombre en cada momento? ¿El bien o el mal? ¿Acaso no hay tiempo para volver a amar? ¿Puede el católico guardase el amor al prójimo por las circunstancias que le rodean? Antes se litigaba sobre el sábado. Hoy en cambios vamos por lo fundamental, el amor. En el amor está la curación de todos los verdaderos males que existen en el mundo. En el amor se encuentra la felicidad que errantes buscamos todos los hombres. En el amor está la salvación. Y allí es donde radica la parte oscura de la felicidad... ¿se es capaz hoy de amar? No basta con decirlo, pensarlo e incluso desearlo. Hay algo más. Hace falta actuar.Las ideas no detienen la caridad de Cristo; los discursos no sofocan la realidad del amor; las buenas intenciones no estancan la curación de un enfermo. Todos los enfermos sabemos lo que significa estar sano. Lo sabemos justamente porque estamos enfermos, fríos y sin amor. Necesitamos el calor que derrita nuestro hielo. Un calor que ha traído Cristo “para que el mundo arda”.Sólo que aún falta un requisito esencial: extender la mano. Quien no acerca la mano al fuego, jamás se quemará. Quien no se acerca a Cristo, no sufre con quien sufre y no extiende la mano al que lo necesita... Jamás quedará sano. Y Jesús vuelve a pedirnos que la extendamos, aunque sea sábado. ¿Acaso no la hemos extendido tantas veces para alejarlo? ...y hemos tirado la piedra y escondido la mano. Y hoy Jesús ha querido venir para hacernos de nuevo la invitación. No hagamos que se retire por el hecho de que no hemos querido extender la mano... al amigo, al necesitado y al prójimo.
(Marcos 12, 13-17)
Fuente: Catholic.net
Autor: Omar Benjamín López
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